viernes, 28 de octubre de 2016

Serpico: una biografía

@Magda Revetllat



- Tu propia gente te va a matar.
- ¿Quién? ¿Los italianos?
- No, los policías.




 





Frank Serpico, nacido en Nueva York de padres italianos, deseó desde niño ser policía, el tipo de policía que está en contacto con la gente, que les atiende y ayuda y que se dedica a hacer cumplir la ley. Lo que encuentra al incorporarse al cuerpo de policía es agentes que pasan la noche durmiendo en el coche o en algún local, otros que cobraban sumas mensuales de los delincuentes y perdonaban multas de tráfico a cambio de algunos billetes, y todo con el beneplácito de la cúpula del sistema.

Los compañeros de Serpico no entienden por qué no coge el dinero, dinero que ellos entienden como un complemento de su esforzado trabajo y poco a poco le van desplazando pues nadie quiere trabajar con él ya que se sienten espiados.





Esto, pensaba él, era resultado de cómo actuaba el sistema. 
Había millares de policías que deseaban ser honrados, 
pero el sistema no se lo permitía. Por algún motivo, 
todo se había retorcido hasta el punto 
de que los policías honestos tenían que temer a los malos 
en lugar de ser al revés.



Intentará una y otra vez llegar a altos mandos para que dirijan una investigación interna, pero nadie da el primer paso y finalmente acudirá a un periódico para contar su historia, pero será un largo camino de trabas, de amenazas por parte de sus compañeros, de soledad y hastío en su trabajo.

Finalmente, y gracias a pocas personas que se interesaron como él en erradicar la corrupción, fueron llevados a juicio altos cargos cumpliéndose la intención de Serpico pues no quería una pantalla de humo que solo llevara a unos pocos agentes a la cárcel.

Peter Maas construyó una novela a través de los hechos reales vividos por Frank Serpico y más tarde Al Pacino encarnaría al policía que, con ese aspecto de hippy que muchos detestaban, vigiló a los vigilantes y los hizo detener.

Quería justicia, pues por eso se hizo policía.