@magdarevetllat
Hay ascensores que transitan por un edificio y lo recorren de manera vertical, algunos se mostraban en la serie de Harry Potter y se deslizaban por el Ministerio de la Magia en todas las direcciones posibles y, tal vez, en alguna, de imposible. Pero he aquí que Arthur C. Clarke se explaya en uno distinto: el ascensor espacial.
Qué es exactamente un ascensor espacial?
La primera vez que oí hablar de este concepto tecnológico fue en la película Gattaca en la que el protagonista aspiraba a viajar al espacio y finalmente lo hacía en una curiosa escena final en la que, con traje y corbata, nada de trajes espaciales, ascendía por la estratosfera junto con otros elegidos.
Otras obras del género lo mencionan como algo que el futuro traerá, lo hace John Scalzi en su serie de La Vieja Guardia, en la que los futuros soldados espaciales son llevados a su destino en ese habitáculo en el que se sientan y hablan en grupos, caminan o van a buscar algo para beber.
En esta obra una vez más Clarke consigue hacer magia de la ciencia y poesía de la tecnología y hay alienígenas que se dirigen a la Tierra pero todo queda en segundo plano pues la construcción del ascensor ocupa todo el espacio narrativo.
Se podría comparar esta historia a la de El túnel, de Bernhard Kellermann, ya que ambas tratan de un grandioso proyecto nunca imaginado hasta el momento, que alterará la vida de muchos y el sacrificio de otros. Los materiales, las vidas privadas de los responsables y de seres de su entorno, el avance de los trabajos, los accidentes, la oposición por parte de quien tiene otros intereses y la maravilla de algo prodigiosamente nuevo.
¿Algo más se puede decir de un libro de Arthur C. Clarke?
La respuesta es leerlo.